Mi hija es otra en casa

Siempre se ha dicho la frase esa de que los niños se portan de una manera dentro y fuera de la casa, dentro y fuera del colegio, pero para mí, no es una frase hecha, mi hija es otra en casa.

Bueno, cuando os digo otra igual es un poco exagerado, pero sí que es verdad que en casa, con su padre y con su madre, se comporta, en muchas ocasiones, de manera diferente a como lo hace cuando está con sus abuelos, con sus tíos o en el colegio.

Y no os hablo únicamente de comportamiento o actitudes, sino en general.

En el tema de alimentación, en casa a veces es una lucha que coma cosas nuevas o cosas que no le gustan tanto, sin embargo, cuando ha comido en el comedor de la escuela infantil, o cuando come en la calle, o cuando come en casa de los abuelos, se come todo lo que le pongan por delante.

Para no ir muy lejos, hace unos días, me dijo que el puré de lentejas de la abuela estaba muy bueno, pero que el de mamá no lo quería. Imaginaros mi cara…

Cuando yo leía los menús del comedor de la escuela infantil y la profesora me decía que se lo comía todo, yo no salía de mi asombro.

Y esto mismo que pasa con la alimentación, pasa en otras cosas.

Mi hija es otra en casa

En casa a veces me cuesta un trabajo horroroso que haga caso a lo que se le dice: que recoja los juguetes, que obedezca a la primera o a la segunda que se le dicen las cosas, que no proteste por todo… ¡es una lucha constante!

Y sin embargo, cuando le dices de recoger los juguetes en casa de una amiga o en casa de la abuela, ahí que lo hace sin rechistar demasiado.

Si yo le digo que vaya de mi mano cuando vamos por la calle, me hace caso omiso la mayoría de las veces y acabamos siempre en un conflicto cada vez que hay que cruzar la carretera, pero si su tía se lo dice, a la primera ahí que va de la mano.

No sé si es algo que me pasa sólo a mí o si tú también has tenido esta experiencia.

El problema es que a mí me pone a mil. No entiendo por qué tiene que llevarnos siempre la contraria a su padre y a su madre, y con los demás obedecer y hacer caso siempre a la primera.

Sí, ya sé eso de que los niños a los padres nos torean, pero ojalá tuviera el hechizo mágico para entender esas actitudes.

Después claro, por mucho que me ponga a mil, cuando sabe que ha hecho algo mal, me viene diciéndome: ‘abrazo mamá’ con esa carita de pena, y claro, ya me gana del todo.

Mi hija es otra en casa

Entiendo que es normal hasta cierto punto, que a los padres nos pongan a prueba, pero la verdad es que me cuesta entenderlo y me toca echarle mucha paciencia, como os conté hace unas semanas en este post.

Creo que el día que me diga que sí a algo a la primera o que me haga caso a la primera, voy a montarle una fiesta.

¿A tus hijos también le pasan o le han pasado estas cosas?

Hablan de los maravillosos dos años, pero oye, que los tres tampoco se quedan cortos…

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