Quererse para querer

El ser humano tiene una clara tendencia a querer ser lo contrario de como es.  Tendemos a desear lo que no tenemos: ser más alta, estar más delgada, tener el pelo rizado, tener el pelo liso, tener otro trabajo, tener una casa mejor, vivir en la playa, vivir en la montaña, trabajar por cuenta ajena, trabajar en casa… siempre queremos algo más y nos olvidamos de lo importante que es quererse para querer.

Constantemente estamos deseando aquello que no tenemos, ya hablé de este tema en otro post,  y esto, aunque aparentemente, pueda dar una sensación de inconformismo constante, también puede tener un lado positivo.

Por un lado nos puede ayudar a ponernos objetivos en la vida, a tratar de mejorar, a retarnos, a crecer como personas…

Habrá deseos que podremos realizar, como cambiar de trabajo, o trabajar por tener unas condiciones de vida mejor, o proponernos objetivos laborales… y habrá cosas que no podremos cambiar, porque nadie puede ser más bajita, tener una talla de pie más grande o tener el pelo rizado (si es que tienes el pelo tan liso como yo que es imposible rizármelo).

En este sentido a veces nos cuesta aceptar nuestras propias limitaciones.

Hoy día que está tan de moda la vida saludable, todo lo fit, las mil dietas que existen, y más en esta época del año con la operación bikini, se hace difícil el trabajar la aceptación de uno mismo.

Nos están diciendo constantemente que cambiemos, que es el momento, que podemos estar mejor, que está en nuestra mano… Da la sensación de que nunca vamos a estar bien.

Yo he de reconocer que he hecho mil dietas en mi vida, de todos los tipos, sin médico y con médico, y sí, naturalmente he podido adelgazar y sí, me he quedado monísima de la muerta, pero aunque me gustaría que no fuera así, mi cuerpo tiene una tendencia a engordar al mínimo que me deje, es así.

Y aceptar esto no significa resignarme, pero obviamente hay características de mi cuerpo que no puedo cambiar, me digan lo que me digan.

Y además de que a la tendencia a engordar se suma lo golosa que yo soy. Se juntan ambas cosas.

Y claro, ¿qué hago? ¿Me paso la vida a dieta o calculando todo lo que debo comer para no engordar de nuevo…? Pues ya me he cansado de eso.

Esto no quiere decir que no me cuide, que no trate de hacer deporte, etc. Ni mucho menos.

Lo que quiero decir, es que yo he tenido que acepar que mi cuerpo es como es, y que jamás voy a tener una talla 40. Es así.

Con esto quiero decir que antes de proponernos determinados objetivos en la vida, creo que hay que hacer un trabajo personal de reconocimiento, de valoración y de aceptación.

Quererse como uno es.

Porque como se suele decir, si tú no te quieres a ti mismo, ¿cómo pretendes que los demás te quieran?

A veces nos volcamos mucho en querer ayudar a otras personas y a nosotros mismos nos dejamos de lado.

Nos pasamos la vida ayudando al compañero de trabajo, pero nosotros estamos amargados con el nuestro.

Y llega un momento en la vida en que creo que hay que parar y resetearse.

¿Qué quiero ser en la vida?

¿A dónde quiero llegar?

¿Para qué quiero cambiar?

¿Qué puedo hacer?

¿Qué debo cuidar?

Y desde ahí… ponerse en marcha. Un Plan de acción que llaman ahora.

La aceptación personal es muy importante. Conocerse a uno mismo es fundamental. Ser felices con lo que somos y tenemos nos ayudará a poder ayudar más a los demás, y cuando hablo de los demás hablo de nuestros hijos, nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos, nuestro entorno, etc.

Si como persona me acepto y me quiero, podré ser una mejor madre para mi hija, una mejor pareja, una mejor compañera.

El miedo al qué dirán, a lo que pensarán de mi, a lo desconocido, a los retos, al fracaso…nos puede frenar mucho, pero si no lo hacemos, puede que estemos toda la vida lamentándonos de la vida que llevamos.

Y lo dice una que siempre ha sufrido mucho con el tema del qué dirán, porque siempre he necesitado ser aceptada por lo demás para valorarme a mí misma.

Valorarte a ti mismo por el valor que los demás te dan es un error. Os lo digo en primera persona.

Si alguien no te quiere como eres y con lo que eres, enséñale donde está la puerta.

Tú eres una persona maravillosa, y eso es lo que tienes que repetirte cada mañana. A pesar de tu jefe, del compañero impertinente, del vecino envidioso o de quien sea.

¿Y sabes qué es lo mejor? Que todo está en nuestras manos.

Sólo hay que darse la oportunidad de comenzar. Y si nos caemos o tropezamos… respirar, coger aire y recomenzar.

 

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