Colecho: una sorpresa cada noche

Ya os he contado en algunos otros posts, mis aventuras y desventuras con el sueño de mi hija, con el tema del colecho y demás, pero hoy os traigo un post con una visión más amplia, porque al final el colecho se convierte en una aventura trepidante y es que es una sorpresa cada noche. Nunca sabes cómo vas a dormir.

En este tema hay mucha gente a favor y en contra.

ANTECEDENTES

Hasta los seis meses

Yo os tengo que decir que hasta los 6 meses mi hija durmió en su cuna de colecho junto a nuestra cama, pero siempre en su cuna.

Pero cuando me incorporé al trabajo, como seguía con la lactancia materna y mi hija se despertaba cada dos horas, acabé metiéndomela en la cama y la dejé que comiera cuando quisiera. Pero yo necesitaba dormir porque si no , era imposible levantarme por las mañanas.

Y desde entonces.

Yo he de reconocer que el colecho tiene una parte maravillosa que es el sentir a tu hija, la ternura que me produce amanecer con ella, el sentir que necesita tocarte y estar cerquita de ti… me parece una necesidad tan emocional y emotiva que creo que es lo más bonito de todo.

Sin embargo, no es lo mismo dormir con un bebé de 10- 12 meses que con una niña de 3 años, por eso el colecho es una sorpresa cada noche.

Lo que no te cuentan del colecho
Lo que no te cuentan del colecho

 

SITUACIÓN ACTUAL

Mi hija se acuesta en su cama todas las noches, pero a mitad de la noche, cuando se despierta, que a veces es a las 4 de la mañana y otras veces a las 2, se baja ella solita de su camita y se viene a la nuestra.

A partir de ese momento, se acabó el dormir plácidamente en mi cama. Llega el tsunami.

Como os decía, el colecho tiene muchas cosas positivas, pero también algunas menos buenas:

  • El espacio: dependiendo del tamaño de tu cama esto te influirá más o menos. Aún así, mi hija tiene la tendencia a pegarse a mí, por mucha cama que tenga disponible, porque necesita tener la seguridad de que sigues ahí a su lado. Así que, tu espacio vital acaba siendo bastante reducido y tu hija acaba apropiándose de la cama entera.
  • Las patadas: para mí es sin duda lo peor. Mi hija es un rabo de lagartija, se mueve hasta durmiendo, y se encarga de llenarnos de patadas todas las noches, algo que a veces llega a ser desesperante hasta tener que irte de la cama.
  • La elasticidad: si tu hijo es de los que se pega a ti y nota perfectamente cuando te vas, aprenderás a convertirte en una auténtica malabarista, porque te moverás de manera tan sigilosa y lenta que podrías perfectamente acabar dedicándote a ser mimo. Es todo un arte.
  • La resignación: mil veces le he dicho a mi marido: ‘de hoy no pasa, que duerma en su cama y si llora, que llore’. Lo repito. Mil veces lo he dicho. Pues ¿sabéis donde sigue la niña, verdad? En mi cama. Al final, el cansancio siempre me puede, y prefiero que se venga a mi cama a que me monte una rabieta a las cuatro de la mañana, porque seguro que acabamos todos de los pelos.
  • Noches ‘mierder’: si colechas habrá muchos días que te levantes con la sensación de no haber descansado nada, porque tu hija o hijo se encargará de despertarte mil millones de veces y tu cuerpo será al siguiente día un cuerpo casi muerto.

Sin embargo, a pesar de todas estas lindeces, el colecho, al menos para mí, tiene cosas muy bonitas como las que os he comentado antes.

Todos los niños, un día u otro, se separan voluntariamente de la compañía de sus padres y acaban durmiendo de un tirón

Rosa Jové

BENEFICIOS

Si hay algo que me gusta los fines de semana, es poder despertarme con mi hija en la cama. Esa vocecilla que te mira y te dice ‘hola mami’, ‘¿qué haces mami?’.

Esa piel suavecita que se acerca a ti a abrazarte o a darte un beso.

Ese ‘mami te quiero’ nada más abrir los ojos.

Esa sensación de ser una sola y de acurrucarnos juntas.

He de reconocer que me gustaría que mi hija durmiera toda la noche en su cama, no lo voy a negar, pero dado que las circunstancias son estas en estos momentos, intento sacarle la parte buena del asunto.

Además, mi hija es hija única y para mi sigue siendo mi bebé, aunque tenga tres años y esa sensación de dormir con ella me hace sentir que todavía sigue siendo mi pequeña.

Supongo que con 18 años no seguirá durmiendo con sus padres.

¡Feliz día!

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