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Un vals con las rabietas

Hace unos días leí una entrada en el blog Educación Familiar que hablaba sobre esos momentos en que los niños se enfadan y se irritan y los padres nos desbordamos, porque justo nosotros estamos teniendo frecuentemente, un vals con las rabietas.

Un vals con las rabietas

Cada vez que escucho o leo esa palabra se me van los ojos porque es algo que estamos viviendo en primera persona desde hace unos meses, pues estamos metidos de lleno en la maravillosa aDOSlescencia.

Ya os he hablado de este tema en otras ocasiones en el blog, pero es cierto, que en estas últimas semanas intento enfrentarme a ellas de otra manera.

Me llamó la atención algo que comentaban en este articulo que os he dicho antes, ya que su autor decía que no le gustaba utilizar el término rabieta porque suena un poco despectivo, además de que parece que se le quita importancia a lo que está sucediendo.

De hecho, yo misma, como madre, cuando me llega uno de esos momentos maravillosos, pienso: ‘no, por favor, otra vez no, a ver ahora que le pasa…’ como resoplando y viéndolas venir.

Por eso, en estas últimas semanas, también desde que he empezado a leer el libro Disciplina sin lágrimas, de Siegel, estoy tratando de enfrentarme a esos momentos de rabia, de enfado, de llanto, de pataleo, de cabezonería…. de otra manera.

Aunque reconozco que no es nada fácil.

Intento tratar de entender por qué tiene ese comportamiento, qué es lo que ha llamado su atención o qué es lo que quiere, intento explicarle las cosas, de por qué sí o por qué no, intento hacerme más cercana, abrazarla.. en definitiva, empatizar con ella, pero lo repito, no es nada fácil.

Un vals con las rabietas

De hecho, reconozco sin vergüenza, que muchas veces no consigo nada y al final acabo subiéndome por las paredes y más irritada yo que ella.

Hay veces en que cuando veo que no me funciona nada, trato de distraerle la atención con otra cosa y cuando se le pasa trato de hablar con ella, aunque aún es pequeña para entenderlo todo.

La cosa es que no es sencillo esto de ser padres y poner en práctica la famosa disciplina positiva, básicamente, porque antes de intentar llevarla a cabo con nuestros hijos, necesitamos estar nosotros mismos sanos y tranquilos.

Muchas veces somos los propios padres los primeros que, entre el estrés, los agobios, los horarios que no llegamos, el trabajo, la casa… no encontramos esa tranquilidad que se necesita para enfrentarse a situaciones complicadas como a las que te somete un niño de dos años.

¿Y qué podemos enseñarles a ellos si nosotros mismos no somos capaces de calmarnos?

Porque somos adultos y sabemos, o deberíamos saber, comportarnos, pero si no, en más de alguna ocasión habríamos tenido una de esas rabietas.

Para mí se ha convertido en todo un reto trata de vivir esto con calma y serenidad, y, aunque hay veces que me saca de mis casillas y que acabo haciéndolo fatal, gritando e histérica, estoy poniendo todo de mi parte para poder cambiar esos momentos.

No tiene nada que ver con esto, pero, mi hija ha aprendido, hace nada, a dar besos y no te imaginas que besos tan bonitos da. Por eso me gustaría que cuando viera a su madre pensara en ella como la persona la que quiere darle muchos besos y no como el ogro que me sale en alguna ocasión.

Y para eso, lo primero es trabajarme a mí misma, leer mucho y formarme. Y en ese camino estamos.

¿Cómo lo llevas tú?

2 comentarios sobre “Un vals con las rabietas”

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