Educación, Escuela Infantil

Reuniones de inicio de curso: un ejercicio de empatía

En todos los centros escolares, tanto de infantil como de primaria, secundaria o bachillerato, se suelen hacer al inicio de curso las típicas reuniones de inicio de curso, del tutor con los padres de los alumnos en los que se presenta un poquito el año, se explican las normas, los horarios, etc.

Si eres madre o padre y tienes a tus peques en la guarde o en el cole ya habrás asistido a alguna de ellas.

Bien, pues hace un par de días tuvimos la de nuestra peque en su clase y con su seño.

Reuniones de inicio de curso: un ejercicio de empatía

Os pongo en situación. 20 madres y algunos padres, sentados en círculo en las sillitas de los niños, y delante la seño. (Yo creo que para los profes son situaciones de tensión).

Ya en la presentación percibí cierta tensión. ¿Por qué?, estaréis pensando.

Pues porque es el segundo año de escuela infantil. El año pasado la mayoría de los niños estuvieron con otra seño y en otro lugar diferente, así que, si a los niños les cuesta adaptarse a los nuevos cambios, a los padres también, y en petit comité, todas las mamás habíamos estado comentando que nos estaba costando el cambio de seño.

Claro, imaginaos el papelón de esa profesora que sabe que todas las mamás añoran a la del curso pasado, pues lo primero que dijo fue que es normal que a los niños les cueste el cambio porque no conocen a su seño, ni el entorno nuevo, y que aunque sea el segundo año de escuela infantil también necesitan un periodo de adaptación.

La verdad es que en ese momento, hasta yo misma me sentí mal, porque los padres a veces tenemos muy poquita empatía con los profesores y no pensamos en lo que ellos viven cada día.

No debe ser fácil tener una clase de 20 niños de 2 años, que cada uno tiene unas demandas, que se sienten solos, que están en una época de explorarlo todo, de descubrir, de conocer… y si yo en casa, con 1 sola, a veces me agobio, y me faltan ojos y manos, imaginaos una seño con 20.

Pues ese fue el primer momento.

Después creo que se empezó a relajar y nos fue contando los horarios, las rutinas de los niños, el método de trabajo que utilizan, los materiales, las comidas, etc.

Me encantó conocer a la Señorita Colorín que es la muñeca protagonista de los libros que utilizan de la editorial Edelvives . Tienen un peluche en la clase y los peques la conocen ya estupendamente.

Señorita Colorín
Reuniones de inicio de curso: un ejercicio de empatía

Otro aspecto que me gustó mucho, es que nos pidió, siempre desde la libertad, que en lugar de las típicas botellitas de plástico para el agua, que buscáramos algún termito, o botella de acero, para también ir concienciando a los niños de la importancia de la reducción de plásticos. Creo que es algo muy importante que los peques han de aprender desde bien pequeños y para ello los mayores debemos dar ejemplo.

Son reuniones interesantes. A mí me encanta sentarme y observar a los papás.

Me doy cuenta de lo protagonistas que nos gusta ser. Entiendo que queramos saber todo lo que hacen nuestros hijos pero creo que cuando se está en una reunión de este tipo, no se puede acaparar toda la atención y que la profesora se focalice únicamente en lo que hace o no hace un niño, porque allí hay 20 padres que también quieren saberlo todo.

Muchas veces se nos olvida cuál es el trabajo de las profes que están con nuestros hijos, y en el caso de la escuela infantil no es sólo estar con nuestros hijos, sino enseñarles rutinas, conceptos, a desarrollarse, a crecer como personas, a divertirse, a relacionarse con otros niños, a comunicarse… si a todo eso le añadimos que nos manden fotos a través de la aplicación que tenemos, que todo el día nos cuenten qué hacen, si se ha caído o se ha levantado, si ha hecho 5 veces pipí… estamos pidiendo que en lugar de profes sean heroínas.

Reuniones de inicio de curso: un ejercicio de empatía

Por eso, cuando salí de la reunión me puse a darle vueltas a este tema y pensé en escribir este post en el blog, porque creo que los padres debemos hacer también un ejercicio de empatía y tratar de ponernos en el lugar de esos profes, de esas señoritas que cuidan a nuestros hijos.

Aunque lo tengamos normalizado, no es un trabajo fácil, pero creo que las personas que están ahí son tan vocacionadas que para ellas ese esfuerzo y ese trabajo les compensa.

Sin duda reciben lo mejor del mundo: el cariño y los besos de unos niños que, posiblemente, no olvidarán a su seño en mucho tiempo.

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