Crianza, Maternidad

Cuando la desesperación llega a tu vida

Había leído mucho sobre la etapa de los dos años, y sabía que nos estábamos acercando a ella ya hace unos meses cuando os lo escribí en un post, sin embargo, hasta que uno no lo vive no sabe realmente lo que es, y es que el viernes tuvimos un día complicado, desde esos en los que de pronto la desesperación llega a tu vida.

No puedo decir lo contrario: mi hija es una niña buena, es cariñosa y risueña, pero lo cierto es que estamos pasando por una etapa complicada de rabietas, caprichos y de no hacer caso.

El viernes fue un día de esos.

Salir a la calle con ella tú sola a dar un paseo a nuestra Lana, es ya una aventura intensa. Primero porque ella va a un paso más lento que la perra. Segundo, porque la perra quiere ir a su ritmo y claro, no llegamos. Y tercero porque la peque no hace caso de nada de lo que se le dice.

¿Es eso un signo normal de la crisis de los dos años? ¿El que los niños no obedezcan es normal siendo tan pequeños? Porque a la mía, por más que tú le digas que de la mano, que vienen coches, o lo haces por las malas o no hay manera. Y claro, ahí ya empieza uno a desesperarse.

No contentos con eso, tuvimos episodio de experimentos en el salón. Yo había dejado los restos del batido que se había tomado encima de la mesa del comedor, y ella no tuvo otra mejor idea que subirse a la silla, cogerlo y esparcirlo por unos tacos apilables con los que juega. De pronto aparece en mi habitación, que yo me estaba cambiando y me dice: ‘mira mami, batido’. Imaginaos mi cara.

Es que todo lo que se le ocurren son ideas malas.

¿Y sabéis qué es lo peor? Lo he contado varias veces por Instagram. Que le regañas y no sólo le da igual, sino que se rie. Y claro, te tienes que contener tu risa, porque si no estás perdido.

Es tremendamente complicado.

Os prometo que el viernes caí en la desperación. Una sucesión de momentos así, porque fueron muchisimas más cosas, te hace plantearte un montón de cosas.

Cuando la desesperación llega a tu vida

¿Eres una buena madre? ¿Lo estarás haciendo bien? ¿Cómo hago para que me entienda? ¿Qué más puedo hacer?
Es que no es fácil. Y a una le entran muchas dudas de todo.

Se lo decía a un amigo con el que hablaba de este tema: en muchos momentos no sé hacerlo mejor. Que alguien venga y me enseñe porque yo no sé hacerlo mejor.

Los niños no nacen con un manual bajo el brazo, ni con un libro de instrucciones, y los padres nos enfrentamos cada día a un montón de situaciones que no siempre sabemos asumir y afrontar. Y nadie te ayuda tampoco.

Porque además, creo que hay una tendencia también muy extendida de estar juzgando a los demás por cosas así.

Sí, ya sé que tooooodos los niños atraviesan estas etapas, y que no se cae el mundo, que todos los padres las atraviesan, pero cada uno tiene su forma de vivir las cosas.

A lo mejor hay padres que estas cosas las viven mejor y que sufren más con el tema de la alimentación o del sueño, o de otras mil cosas, pero a mí esto me supera un poco.

Afortunadamente, después de la tormenta siempre llega la calma y el sol vuelve a salir, y basta que llegue la peque a la mañana siguiente con un: ‘Hola mami, buenos días’ para que todo lo anterior se te olvide y volváis a empezar de nuevo.

Aún así, el camino no es nada fácil y los papás no somos superhéroes, al menos yo no lo soy.

Cuando la desesperación llega a tu vida

Estoy segura que habrá muchos más días como el viernes, en los que la desesperación llegará de nuevo a mi vida y se me removerá todo de nuevo, pero bueno… mientras tanto, la sonrisa y la dulzura de mi hija, seguirán pudiendo con todo lo demás.

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