Crianza, Maternidad

La experiencia de portear

Antes de nacer la peque siempre me había llamado mucho la atención el ver a los niños colgaditos del pecho de los papis con las mochilas de porteo, por eso sabía que cuando mi hija naciera querría hacerlo también, así que, aquí os cuento como fue la experiencia de portear de una mamá novata.

La experiencia de portear

En mi familia esto de portear no se había dado nunca, una de mis hermanas sí que tenía una mochilita que utilizaban, sobre todo, cuando salían de viaje, pero poco más, de hecho fue la mochila que me prestó.

Yo no tenía mucha idea de este tema, y durante el embarazo, cuando empecé a meterme en este mundo de los blogs, de instagram, empecé a ver a un montón de chicas que la utilizaban y se les veía fenomenal, a ellas y a sus bebés.

Me ayudó mucho en concreto Alma Obregón, es de las personas que más he visto portear y con un montón de modelos: mochilas, foulards, bandoleras… yo creo que en su momento se haría un master sobre porteo porque era alucinante la cantidad de modelos que tenía y el conocimiento de cada uno de ellos.

A mí lo del foulards o la bandolera me daban más inseguridad, parecía que el bebé se te fuera a caer de ahí, así que, aunque estuve tentada, nunca llegué a comprarme ninguno. Creo que si tuviera otro bebé sí que lo probaría.

Cuando nació la peque, como la mochila que tenía de mi hermana era muy grande, perdí la oportunidad de portear siendo un bebé chiquitín que seguro que es la experiencia más preciosa.

A mí me encantaba tener a mi bebé en brazos y bien pegadita a mí, así que, en ese aspecto me arrepiento de no haberlo probado antes.

Cuando me lancé a probar la mochila, me llevé una decepción. La niña no quería la mochila ni a la de tres.

En su favor he de decir que era una mochila antigua y bastante rígida, con lo que pueda que estuviera algo incómoda, porque era intentar colocarla y llorar como si no hubiera un mañana.

Eso me desmotivó un poco a seguir intentándolo. La niña tendría unos 2 meses cuando lo probé por primera vez.

Aún así, me resistía a no seguir intentándolo, así que, en una de esas preguntas que te hacen cuando tienes un bebé de ‘qué necesitas’ ó ‘toma el dinero y tu compras lo que te venga mejor’, lo utilicé para comprar una mochila buena de porteo. Una que fuese más actual que la que tenía, más cómoda y con buenas referencias.

Después de mirar por muchos sitios, de ver un montón de blogs, de leer mil recomendaciones y opiniones, al final acabé decantándome por una de la marca Ergobaby.

Han pasado ya dos años, así que, ahora hay otras mucho más actualizadas, pero por si a alguien le interesa el modelo que yo utilicé lo podéis encontrar pinchando aquí.

Fundamental que sea una mochila ergonómica, que permita al niño mantener la postura de ranita y que no le cuelguen las piernas. Eso es calve a la hora de elegir una mochila.

No os voy a engañar, la verdad es que a la peque le costó un poquito. Los primeros días nada más intentarla ponerla se ponía a llorar como una loca, pero a diferencia de las otras veces que la quitaba de la mochila, en esta ocasión decidí tener un poquito más de paciencia y darle tiempo.

Así que, si veía que se ponía a llorar la movía yo bastante hasta que se le calmase y me la acurrucaba bien para que se sintiese protegida. De esa manera, poco a poco, conseguí que le fuera gustando más y más, hasta que empezó a cogerle el gusto y a quedarse fritita cada vez que me la colocaba.

He de decir que para mí, el conseguir que a mi hija le gustara la mochila fue mi salvación para muchas cosas.

No sabéis la cantidad de veces que me la tuve que colgar en la casa porque no había manera de hacer nada si no la cogía en brazos. Acabé hasta secándome el pelo con ella encima porque si la soltaba se ponía a llorar de nuevo.

La experiencia de portear

Y gracias a la mochila pude salir de paseo con Lana, nuestra perrita, cantidad de veces y sin la incomodidad de tener que llevar el carrito.

Cuando íbamos a algún sitio, aunque lleváramos el carro, siempre llevaba la mochila de portear en la cesta, para cuando se cansase del carro, me la colgaba y listo, se tranquilizaba.

Para mí fue una vía de escape maravillosa. Y la verdad es que me encantaba llevarla encima.

Es cierto que conforme van creciendo, la espalda se resiente un poquito, pero yo hasta los 18 meses o así, conseguí llevarla en la mochila. Ya cuando empezó a andar ya era más complicado porque ella misma no quería, sólo quería suelo, pero antes, todos los días.

La experiencia de portear

Si tienes un bebé chiquitín y no lo has probado, yo te recomiendo que lo hagas, porque se abrirá un mundo de nuevas posibilidades para ti.

Además, el porteo tiene un montón de beneficios. En la misma página de Ergobaby podéis encontrar entre otros estos que os pongo aquí:

  • Afianza el vínculo entre los padres y el bebé, ya que se mantiene esa cercanía necesaria.
  • Disminuye el riesgo de SMSL y de braquiocefalia, promoviendo a la vez el desarrollo neurológico, respiratorio y gastrointestinal, y mejorando el equilibro del bebé.
  • Permite a los padres o cuidadores del bebé utilizar las manos mientras el bebé está en la mochila, por lo que se puede explorar y descubrir cosas de forma fácil y segura, sin tener que estar manejando un cochecito.
  • Promueve el desarrollo temprano del lenguaje. Los bebés aprenden viendo expresiones faciales, y la mochila les sitúa a la altura donde está teniendo lugar todas las conversaciones – “el mejor sitio de la casa”
  • Permite a los padres ver el mundo a través de los ojos del bebé, y a la vez los bebés pueden descubrir el nuevo mundo desde la seguridad y el confort del contacto con los padres.
  • Estimula la cercanía con el bebé durante su infancia. Los niños pequeños pueden ser porteados también, recordándoles dónde está su “sitio seguro” y permitiéndoles que el vínculo crezca a medida que se hacen mayores.

 

Para mí, de verdad os digo, que fue uno de los mejores descubrimientos y si tengo otro hijo, seguiré utilizándolo pero ya desde el inicio.

¿Vosotros habéis porteado? ¿Cuál es vuestra experiencia?

 

 

 

 

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