Personal, Reflexión

‘Hola mamá’: un impulso para seguir adelante

Aprovechar las oportunidades de la vida para mejorar aquello que no nos gusta no siempre es fácil, pero si la vida te da limones…

Las 03:15 de la mañana. Me despierto después de recibir una de las miles de patadas que recibo de mi hija a lo largo de la noche porque se mueve más que un saco de ratones.

La miro y está dormida. La tocó y la noto caliente.

Pienso, “esta tiene fiebre otra vez”.

Me levanto de la cama y voy a la cocina a por el dalsy y a por el termómetro. Se lo pongo mientras permanece dormida y efectivamente, no me he equivocado, tiene fiebre.

Relleno la jeringuilla del dalsy y la cojo en brazos, sabiendo ya de antemano que se me va a poner a berrear, porque odia la medicina y mucho más la jeringuilla.

Le pongo una toalla por encima, por si no atino a la primera y me lo escupe todo (que ocurre un alto número de veces) y a duras penas consigo que abra la boca y dárselo. Objetivo conseguido. Ni una gota derramada. Y os puedo asegurar que no es nada fácil.

Mientras tanto, su señor padre dormido. No se ha enterado de nada, ni siquiera de que la niña ha berreado.

A veces me pregunto cómo puede dormir con esa profundidad. ¿Será una deformación del ser madre que después del parto el sensor se nos activa y escuchamos cualquier mínimo movimiento de nuestros hijos?

El caso es que después de este episodio, intento que la peque vuelva a dormirse. Me echo a temblar porque en el intento, de pronto me mira y me dice: ‘Hola mamá’, con esa vocecilla tan graciosa que tiene.

‘Hola mamá’: un impulso para seguir adelante

Y mientras la beso y le intento poner el chupete, pienso en todo lo que se puede llegar a amar. En la capacidad tan grande que tiene el ser humano de amar, y en lo fácil que es amar. No entiendo cómo hay personas que pueden hacer todo lo contrario…

Son las 03:30h de la madrugada y el desvele ha podido conmigo. Todos duermen en casa menos mamá. Y es que no siempre es fácil volver a conciliar el sueño. Al menos no para mí.

Y en esos desvelos, empiezo a darle vueltas a la cabeza de lo cansada que estoy de ciertos aspectos de mi vida.

Últimamente cada mañana cuando me suena el despertador, me cae como una losa encima, porque me cuesta ir a trabajar. Estoy en esas etapas que se pasan en que uno está más quemado que otra cosa y que le parece que ha perdido la ilusión por hacer lo que hace.

Y entonces empiezan a rondar por tu cabeza miles de pensamientos, cosas que te gustaría hacer, proyectos que te gustaría emprender… pero a su vez, como si fueran lanzas, comienza a llegarte flashes de miedos, incertidumbres, inseguridades…. Yo no soy capaz de hacer eso, cómo me voy a arriesgar en eso otro, y la seguridad que tengo ahora mismo…

Y tu cabeza se llena de sueños frustrados.

Entonces te levantas, te miras al espejo y dices: ‘Venga, actitud positiva. Un día menos para las vacaciones’ Y te acuerdas de la vocecilla de tu hija diciéndote ‘Hola mamá’ a las 3 de la mañana y de como te abraza y te toca para dormir, porque necesita esa seguridad de sentir a su mamá cerquita de ella.

Si la vida te da limones….

Y entonces te arreglas, te tomas un té y te vas a trabajar un día más.

Y es que al final, cuando la motivación se pierde en algo sólo hay dos caminos:

  • Venirse abajo y dejarse llevar por la rutina y la insatisfacción
  • Ó cerrar los ojos, respirar profundamente, levantar la cabeza y apoyarse en las cosas que a uno le hacen felices para poder seguir caminando.

Ah! Y súper importante, dejar los miedos a un lado, y proponerse un cambio. Si algo no nos gusta, como ya escribí en otro post hace unas semanas, intentar cambiarlo. Aprovechar las oportunidades que nos da la vida. Y como en la disciplina positiva: hacer de los errores, oportunidades de mejora.

Y recordar siempre una frase que me encanta: ‘Si la vida te da limones… haz limonada’.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *