Crianza, Maternidad

Beneficios de la convivencia entre bebés y perros

Los que me seguís en el blog y en redes sociales, sabéis que en casa un miembro más de la familia es nuestra perrita Lana, una preciosa Golden Retriever, pues de ella precisamente os quiero hablar hoy, de los beneficios de la convivencia entre bebés y perros.

En alguna entrada ya he hablado de este tema en el blog, incluso de la reacción de Lana durante el embarazo, pero hoy me quiero centrar en la relación que existe entre ella y la pequeña Clara.

Me hace mucha gracia que la peque, lo primero que hace todas las mañanas cuando abre los ojos, es llamar a Lana. Os prometo que es lo primero que sale de su boca, y no creáis que lo hace flojito, no, pega un buen grito llamándola ‘Nanaaaaaa’, que así la llama ella. Ese gesto ya dice mucho del vínculo que se ha creado entre ellas.

Lana y ClaraDesde el primer día que entramos a la casa con la peque recién nacida, Lana se volvió loca con ella. Recuerdo como se asomaba a la minicuna y la miraba como diciendo, ‘¿esta quien es y qué hace aquí?’. Creo que se pensaba que era un muñeco porque en cuanto se movía un poco, se asustaba y salía corriendo. Era una imagen maravillosa, verla siempre tumbada a los pies de la minicuna.

Yo siempre he dicho que traer a Lana a casa fue una de las mejores decisiones que tomamos. A mí personalmente me ayudó muchísimo en un etapa muy complicada de mi vida, pero es que ahora cuando la veo con mi hija, me reafirmo en esa decisión, porque aunque muchos piensen lo contrario, la convivencia entre perros y niños siempre (bueno, casi siempre porque habrá excepciones) es positiva.

  • REDUCE LAS ENFERMEDADES: todavía a día de hoy escucho a mi madre que me dice, que no coja los juguetes de la perra, que no la lama, que le lave las manos… y sí, efectivamente, cada una debe tener su espacio, pero estoy convencida que el tener a Lana en casa ha hecho que Clara se inmunice muchísimo más. De hecho, en sus casi dos años de vida, apenas ha tenido algunos resfriados, poco más. Incluso hay estudios que dicen que el hecho de que haya pelos del perro por la casa, reduce al 50% la posibilidad de que el niño desarrolle algún tipo de alergia. Y os aseguro que, otra cosa no, pero pelos en mi casa hay para hacer almohadas. Eso sí, por supuesto, los perros tienen que estar bien vacunados, desparasitados cada tres meses, con su collar antipulgas y antiparásitos, etc.
  • PROTECCIÓN MUTUA: tendemos a pensar que son los perros los que protegen a los niños, y sí, eso es así. Pero es una protección bidireccional. Tendríais que ver a Clara como llama a Lana cuando la ve que se aleja un poco más de nosotros en el paseo o que se pone a jugar con otro perro corriendo como una loca, porque ella creerá que le va a pasar algo. Pero os contaré otra experiencia.  Cuando Clara comenzó a andar, un día salió sola al jardín sin que nos diéramos cuenta. Os prometo que pasé el peor minuto de mi vida buscando a la niña por toda la casa y sin encontrarla. Mientras yo corría de un lado para otro buscándola, no dejaba de escuchar a la perra ladrando en el jardín, pero pensaba que le ladraría a un gato, como suele hacer, pues cuando me dio por ir al jardín, me encontré a Lana pegada a la niña y ladrando. Nos estaba avisando de que estaba allí. Se protegen la una a la otra.
  • LOS NIÑOS SE HACEN MÁS RESPONSABLES: es importante educar a los niños y hacerles ver, que el perro no es un juguete más, sino que es un ser vivo y un miembro más de la familia. Los primeros años es más complicado, porque los bebés no controlan tanto su energía y el perro, como le pasó a mi Lana, se llevará bastante tirones de pelos, igual que me los he llevado yo, pero hay que enseñar a los niños a acariciarlos despacio, a tratarlos con cariño y poco a poco uno va viendo como el comportamiento va cambiando. Empiezan a jugar juntos, a reir, a compartir momentos y se acaban haciendo responsables de ellos. Clara, con 21 meses, ya sabe que Lana tiene que salir de paseo todos los días, que salimos con ella a que corra, a que juegue con otros perros, a que haga sus cositas, sabe que tiene su espacio para su agua y su comida, y que ella no puede meter las manos ni cogerla, sabe que Lana tiene su cama para dormir y sus juguetes, sabe que hay que acariciarla con cariño y que no le puede tirar del pelo, ni pisarla ni nada. Y ahora, como puse en un vídeo el otro día en Instagram, estamos ya en la fase de que quiere llevarla ella de la correa cuando salimos de paseo, y bueno, con cuidado pero ahí va.

En definitiva, que son todos beneficios para las dos partes. Yo disfruto mucho viéndolas a las dos jugar y pasar tiempo juntas. Creo que es una relación tan bonita, que, aunque en muchos momentos es complicado gestionar la euforia y la adrenalina de las dos, merece mucho la pena. Todos crecemos en valores, en fidelidad y nos acompañamos en la vida. Me he podido arrepentir de muchas cosas en mi vida, pero de traer a Lana a casa jamás. Ella es una pieza clave de nuestra pequeña familia, y aunque es cierto que a veces nos limita mucho en cosas que hacer, pero espero que siga siéndolo durante muchos años más.

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