Bebé, Crianza, Maternidad

De la cuna al colecho

Si algo he aprendido desde que soy madre es a no decir jamás ‘De este agua no beberé’, porque en la desesperación y en los miedos de una madre primeriza, uno acaba bebiendo de todos lados.

Sí, yo era de las que decía: ‘la papilla de frutas, siempre natural, nada de potitos’ ó ‘yo nunca haré colecho’ ó ‘la tele hasta que no sea más mayor, nada’. Pues bien, ahí me tenéis, dándole potitos de frutas del mercadona a mi hija, porque no le gusta la fruta natural, haciendo colecho cada noche y poniéndole la tele para que se entretenga de vez en cuando. Y es que una nunca sabe cómo le va a venir la vida, ni como se enfrentará a determinadas situaciones.

El tema de no hacer colecho lo había mantenido hasta que me incorporé a trabajar. Desde que nació mi peque había estado durmiendo en su cunita pegada a mi cama estupendamente, la cogía cuando quería teta por la noche y luego la volví a soltar en la cuna. Pero claro, yo era de las que me incorporaba para darle el pecho o incluso a veces, me levantaba de la cama en mitad de la noche.
¿Qué pasó? Pues que cuando volví al trabajo y a madrugar, necesitaba dormir. Es que no era persona por las mañanas, así que, empecé a darle el pecho tumbada en la cama, y muchas veces nos quedábamos dormidas las dos. De forma que, poco a poco, la niña acabó durmiendo más tiempo en la cama con nosotros que en su propia cuna. Y claro, cuando, pasadas ya algunas semanas, quería meterla en la cuna, decía que la cuna para mí, y como comprenderéis, teniéndome que levantar tan temprano, no me iba a poner a dormir a la niña en brazos, ni a obligarla a estar en la cuna, porque en cuanto la cogía y la metía en la cama con nosotros, se quedaba fritita y a mí me dejaba dormir.

Así que, con este panorama, ¿qué pasó? Pues que al poco tiempo la cuna acabó siendo un elemento más decorativo de nuestra habitación, hasta que acabé guardándola en su funda hasta vete tú a saber cuándo. Desde entonces, dormimos los tres juntos cada noche, mejor o peor, pero juntos.

En mi afán porque la niña no se acostumbrara, llegué a meter la cuna grande en nuestra habitación, porque me daba pena cambiarla de habitación tan chica, e intenté un par de noches que durmirera en la cuna, pero no había manera. Tenía que dormirla en la cama, despés pasarla a la cuna y cuando se desperaba no había manera de que se quedara ahí toda la noche, así que, de vuelta a la cama y la cuna acabó de vuelta en la otra habiación.

Mi idea es en verano, cuando tenga vacaciones cambiarla de habiación, pero no tengo claro si ella querrá o no, porque la cuna no le hace mucha gracia. Incluso me he planteado ponerle directamente una cama con sus barreras protectoras, si veo que no quiere la cuna. Seguramente me pase muchas noches en el pasillo, pero al menos estaré de vacaciones y no tendré que madrugar.

Aún así, me gusta dormir con ella a mi lado. Me da mucha ternura cuando se gira por las noches y pone su cabeza sobre mí, como necesitando ese cariño y esa cercanía. Creo que también hay que difrutar de esos momentos. No sé si estará mejor o peor, pero es nuestra situación actual y yo la intento disfrutar al máximo.

Porque… ¿qué más da que se acostumbre a dormir con nosotros? ¿Qué más da que se acostumbre a mis brazos o a tenerme cerca? Es un bebé y es lo que necesita. Y además, estoy segura que cuando tenga 20 años no va a estar durmiendo en mi misma cama, así que, de momento, a disfrutar de ella.

Y vosotros, ¿habéis hecho colecho también? ¿Vuestros bebés dormían en la cuna? ¿Cuándo los cambiásteis de habitación?

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