Convivencia, Educación, Valores

En todo la paz

Con el corazón aún encogido por el atentado de Barcelona, no he podido evitar que durante estos días se me llenase la cabeza de pensamientos (y de convicciones) reafirmándome en la importancia que tiene el que eduquemos a los niños en la PAZ, la LIBERTAD, el RESPETO y el AMOR. Y no, no son sólo palabras bonitas.

Desde siempre es algo que he tenido muy claro, pero ahora que soy madre, uno se hace mucho más consciente de la responsabilidad tan grande que tenemos los padres de EDUCAR, y EDUCAR en mayúsculas.

Tener un hijo no es un pasatiempo del que te puedes aburrir y desecharlo, los hijos son el futuro de este mundo y los niños aprenden por la observación, copiando lo que sus seres más cercanos hacen. Por eso, no sirve llenarse la boca de buenas palabras, decirle a los hijos que no está bien pelearse y no actuar con el ejemplo. De nada valdrá.

Nuestros hijos serán lo que nosotros somos, está claro que cada uno con sus características, con su forma de ser, con sus gustos personales, pero aprenderán a comportarse según les enseñemos.

Cuando sucedió el atentado de Barcelona, me sorprendía mirando a mi hija de cuatro meses y preguntándome en voz alta: ‘¿A qué mundo te he traído, pequeña?’. Y es que si te paras a pensar… ¡cuántas atrocidades hay en nuestro mundo, cuánto dolor, cuántas guerras, cuántas disputas por culpa del egoismo, del poder, del dinero…! y a uno le da por pensar si merece la pena…

Sin embargo, cuando vuelves a mirar a tu bebé a los ojos, cuando ves la ternura, la inocencia, la alegría, las ganas de descubrir que tiene, cuando ves su sonrisa y sus ojitos brillar, te das cuenta de que POR SUPUESTO merece la pena. Estoy convencida de que en el mundo hay muchísimos motivos por los que vivir. La vida se nos da como regalo y ese regalo está lleno de cosas maravillosas que debemos aprender a descubrir.

Y nosotros, los padres, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hijos a que las descubran, a que aprendan a crecer en solidaridad, a que cuiden a sus amigos, a que sean respetuosos con quienes no piensan como ellos, a que experimenten la belleza de un amanercer o un atardecer, a que se admiren ante la inmensidad del mar, a que sientan la importancia y la suerte de poder estudiar, de tener un trabajo, a cuidar a la familia, a aprovechar los momentos de risas con los amigos, a compartir los momentos de dificultad con la gente que más quieres, a afrontar los problemas de la vida… en definitiva, en nuestra mano está el ayudarles a VIVIR al 100%, en libertad, en respeto, en amor y en paz.

Porque estoy convencida que esa paz que todos pedimos en estos momentos en que el dolor llena el corazón, comienza en la casa de cada uno, en el corazón de cada uno, en lo que enseñamos a nuestros hijos, en lo que vivimos en nuestro día a día, y sólo desde el amor, el motor que debe mover el mundo.

Puede que alguien lea esto y piense que sólo son palabras bonitas o que es demagogia, pero yo estoy convencida de ello y por eso voy a intentar educar a mi hija de la mejor manera posible, para que si el día de mañana se cruza en la calle con alguien que le falte el respeto o con el que no esté de acuerdo, sepa enfrentarlo desde la tolerancia y el respeto, a través del diálogo que siempre es el mejor aliado.

Hechos como el que ha sucedido en Barcelona duelen, y duelen más aún porque los tenemos cercanos, porque, por desgracia, somos conscientes de que pueden volver a suceder en cualquier momento, en cualquier lugar y bajo cualquier precepto, y eso no sólo duele sino que da miedo. Ayudemos por tanto, a que nuestros hijos descubran que no es el camino para vivir, que siempre será mejor descubrir y aprender de las cosas que nos unen, que pelear por aquellas que nos separan.

Ojalá sea así algún día.

 

Son multitud los que aspiran hoy a un porvenir de paz, a una humanidad liberada de las amenazas de la violencia.
Si algunos quedan sobrecogidos por la inquietud ante el futuro y se sienten paralizados, hay también, a través del mundo, personas inventivas, creadoras.
Éstos no se dejan enredar en una espiral de tristeza. Saben que Dios no nos ha hecho para ser pasivos. Para ellos, la vida no está sometida al azar de una fatalidad. Son conscientes: lo que puede paralizar al ser humano es el escepticismo o el desánimo
También hay quienes buscan con toda su alma preparar un porvenir de paz y no de desdichas. Sin apenas darse cuenta, llegan a hacer de su propia vida una luz que ilumina a su alrededor. No son solo los responsables de los países los que construyen el futuro. El más humilde de los más humildes puede contribuir a construir un porvenir de paz.
Un cristiano que vivía en Milán hace mucho tiempo de nombre Ambrosio, escribió: «Comenzad en vosotros la obra de paz, para que, una vez pacificados vosotros mismos, llevéis la paz a los demás».
En el ser humano, puede haber impulsos de violencia. Para que surja una confianza sobre la tierra, es por uno mismo por donde importa comenzar: caminar con un corazón reconciliado, vivir en paz con aquellos que nos rodean.
Una paz sobre la tierra se prepara en la medida en que cada uno se atreve a preguntarse a sí mismo:¿estoy dispuesto a buscar una paz interior, a avanzar desinteresadamente? Incluso sin nada, ¿puedo ser fermento de confianza allí donde vivo, con una comprensión hacia los demás que se ensanchará cada vez más?
Hay quienes son portadores de paz y de confianza allí donde hay choques y oposiciones. Perseveran incluso cuando la prueba o el fracaso pesan sobre los hombres. (…) Cada uno puede, en su propia vida, empezar a convertirse en un hogar de paz

Hermano Roger de Taizé

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