Bebé, Contracciones, Hospital, Parto

Mi experiencia en el parto

Después de algunas semanas de inactividad, cuyo motivo ya imaginaréis, retomo hoy el blog, para compartir con vosotros cómo fue mi experiencia en el parto y la llegada de Clara al mundo.

La verdad es que, aunque uno sabe que el momento está por llegar, no se imagina viviéndolo; sí, ya sé que la niña no iba a nacer por ciencia infusa, pero me costaba ponerme en esa situación. Sin embargo, cuando fue el momento, pues llegó.

Clara nació el martes 18 de abril a las 22:00h.

El lunes por la mañana habíamos estado en monitores y todo estaba tranquilo, casi ninguna contracción y aparentemente, aunque ya estaba de 39+1 no sucedería nada en breve, pero, tras comentarle a la ginecóloga que había estado manchando un poco, me estuvo explorando y me dijo que de momento nada, no habiá dilatación, ni cuello borrado.
Así que, como si de un día más se tratara hicimos nuestra vida normal. Por la tarde, como acostumbraba a hacer todos los días, me bajé a pasear con mi perrita Lana mis dos horas y media por el paseo marítimo, ella estuvo corriendo y jugando en la playa, y al volver a casa estuve secándola y peinándola, porque del agua del mar venía de aquella manera. Todo como un día más.

Pero después de cenar, estando sentados en el sofá viendo la tele, comencé a tener unos dolorcillos raros, diferentes a otras ocasiones, hasta que a las 23:30h comenzaron las primeras contracciones. Y ¡sí! uno sabe perfectamente distinguir las contracciones de parto de las que no lo son. Es uno de los mayores temores de las primerizas, saber cuándo una está de parto, pero puedo atestiguar que se reconocen, básicamente, porque duelen.

Las primeras se soportaban bastante bien, eran cada 20 minutos, cada 15, pero la verdad es que todo avanzó bastante rápido. Hacia las 2 de la mañana, se habían reducido a cada 8-10 minutos, y el dolor comenzaba a intensificarse. A las 3 ya eran cada 5 minutos, así que, decidí darme una ducha calentita, que decían que venía muy bien, y a las 4:30 ya decidimos irnos para el hospital, porque se habían reducido a cada 3 minutos, incluso algunas cada 2:30 minutos. Y el dolor era cada vez mayor. La verdad es que yo no sabía que aquello podía doler tanto. Sabía que dolería, pero ¡ese dolor…! Creo que no podría ni explicároslo.

A las 5 de la mañana llegamos al Hospital Quirón de Málaga y me pasaron con la matrona y la ginecóloga, que tras explorarme y decirme que no estaba dilatada, me tuvieron en monitores un rato y tras ver que había borrado el cuello del útero, decidieron dejarme ingresada ya que tenía unos dolores super intensos. En ese momento yo no sabía cuánto me quedaria aún por delante…

Mientras esperábamos que nos dieran habitación, creo que tuve los mayores dolores, por debajo de la barriga, por la cintura y en las caderas… un dolor indescriptible, como si te estuvieran partiendo por la mitad… recuerdo que no hacía más que repetirle a mi marido que yo no iba a poder con aquello… Cada uno tiene un umbral del dolor, y el mío era muy bajito, así que, no me veía capaz de aguantar esos dolores y de dar a luz a un bebé…

A las 8 nos subieron a la habitación y allí estuvimos toooooooda la santa mañana, porque no había manera de que dilatara. A las 14h pasó la ginecóloga y sólo estaba de 2cm dilatada. Imaginaros mi cara, después de toda la mañana con unos dolores horrorosos, el jarro de agua fría que fue estar solo de 2 cm, porque con eso es que no me podían poner aún ni la epidural; es que aún estaba en lo que llaman los pródromos del parto, ni siquiera había comenzado a estar de parto, que se empieza a los 3 cm…

Gracias a Dios la espera no duró mucho, y a las 16:30h llegó a la habitación un celador para bajarnos al paritorio y allí ya nos atendieron muy bien. Había un montón de personal y tuvimos la suerte de que nos tocó una matrona maravillosa, Marta se llamaba, si no recuerdo mal. Una chica encantadora que se pasó todo su turno pendiente de nosotros, de que estuviera bien, de que no me doliera nada… un encanto.
Pues al poco de llegar, vino el anestesista y me puso la epidural. ¡BENDITA EPIDURAL! Lo cierto es que yo pensaba que eso era un pinchacito solo, y que va, tiene un proceso que no veas… pero merece la pena, porque en cuestión de minutos dejé de sentir esos dolores horrorosos que llevaba teniendo desde la noche anterior. Incluso me relajé tanto que conseguí hasta quedarme dormida algún ratillo… estaba agotada de todo el día, y todavía me quedaba lo más importante: dar a luz a Clara.

Y no se hizo de rogar. En cuanto me pusieron la epidural y un poco de oxitocina, aquello empezó a avanzar más rápido y a las 21h ya estaba dilatada al completo. Y tras algunos intentos, y no más de 20 minutos empujando, al final pudimos ver a nuestra pequeña.

Creo que no sabría describir ese momento. Mi marido estaba a mi lado, animándome en todo momento. Yo estaba con los ojos cerrados porque me ayudaba a empujar más, cuando de pronto la ginecóla me dijo: ‘Abre los ojos María, que aqui está tu niña’. Cuando los abrí, aún no había salido por completo, pero se le veía la cabecita y los brazos, y me invitaron a que yo misma la cogiera y terminara de sacarla, y así lo hice. Creo que fue el momento más mágico de toda mi vida. Esa sensación de coger entre tus manos a un ser que había crecido en ti durante 9 meses, al que había sentido dar patadas, tener hipo, moverse… ahora por fin estaba con nosotros. Habíamos hecho un ser maravilloso. Recuerdo llorar de emoción y cogerla entre mis brazos como el mayor tesoro de mi vida.

Fueron muuuchas horas, estábamos suuuuper cansados, pero tener a Clara con nosotros fue el momento más especial de toda nuestra vida. Después de eso ya ni te enteras de la salida de la placenta, ni de los puntos que te están poniendo, ni de que apenas te puedas mover del agotamiento… sólo piensas en la pequeña que tienes entre tus brazos y en que tu vida cambiará para siempre desde ese preciso instante.

Uno no sabe de qué es capaz de hacer hasta que lo hace, y yo pensaba que no sería capaz de aguantar todo aquello para dar a luz, pero sí lo fui.

Un parto es un momento duro; el mío fue duro, largo y doloroso, pero si algo tengo claro, es que merece la pena vivirlo si la recompensa es la pequeña princesita que ahora tenemos en casa. Ella sí que es una auténtica maravilla y al mirarla pienso muchas veces, cómo es posible que estuviera dentro de mi barriga… ¡Ella es el auténtico regalo de nuestra vida!

0 comentarios sobre “Mi experiencia en el parto”

  1. Bravo María! !!! Gracias por compartirlo. Las madres tenéis un don especial. .. Ahora toca crecer junto a Clara. YA SOIS FAMILIA.!!!!

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