Bebé, Embarazo, Espera

Esperando con ilusión

Parece mentira pero, casi sin darnos cuenta, hemos llegado a la semana 37 de embarazo. Parece que era ayer cuando en Agosto veíamos las dos rayitas del test de embarazo e íbamos con cierto temor a la primera ecografía, a que nos confirmaran que, efectivamente, había embarazo.
Han pasado ya casi 9 meses y ahora ya estamos a punto de conocer a nuestra pequeña Clara.

La verdad es que las esperas siempre son difíciles, y cuando uno está con las incomodidades, los nervios, los miedos, los dolores extraños… pues mucho más.
Dicen que en la semana 37 un embarazo ya está a término, es decir, que si naciera ya, no se consideraría un bebé prematuro, así que, a partir de este momento, Clara puede nacer cuando quiera.

En las últimas semanas, mi marido sobre todo, no hace más que preguntarle a personas que ya han pasado por esto, en qué semana nacieron sus primeros hijos, por aquello de ver hasta qué punto a las primerizas se les adelante o atrasa, y la verdad es que, como en todo, no hay una regla de tres. Dicen que a las primerizas se les suele atrasar más que adelantar, pero al igual que cada parto es un mundo, en esto creo que pasa lo mismo, ¡vete tú a saber cuándo quiere nacer la peque!.

Lo cierto es que uno vive con la sensación de estar ‘alerta’ todo el día, analizando cada molestia, cada dolor que te viene, cada punzada, que si la tripa está más alta o más baja, que si me duele la espalda o te viene un dolor como de regla… en definitiva, analizando cada cambio que notas en tu cuerpo. Y es que estas últimas semanas son ciertamente de emociones encontradas, al menos así lo estoy viviendo yo.

En mi caso he de decir que estoy incomodísima en casi cualquier postura sentada. Solamente estoy algo mejor en una especie de mecedora que me compré en IKEA y creo que porque estoy un poco más reclinada y la tripa se me extiende, pero estar sentada en el sofá, en una silla del comedor o incluso en la cama, es una auténtica tortura. Y para qué contaros las noches… la tripa pesa ya tanto, que cada vez que me cambio de lado, es un dolor en la pelvis que tengo que hacerlo por fases. En las últimas noches he descubierto que si me sujeto un poco la tripa, el dolor es algo más flojo. Así que, os podéis imaginar las noches que paso, entre eso y que duermo poco, poquísimo… Y la verdad es que no siento que esté nerviosa… No sé si en el subconsciente lo estaré pero aparentemente no.
Así que, como sentada no aguanto mucho tiempo, casi que prefiero ir a caminar o darme los paseos que me doy con Lana, que, llevando la fajita que me mandó la matrona para el dolor de la pelvis, aguanto bastante más. Casi todas las tardes estoy unas dos horas y media o tres, de paseo con ella.

Lógicamente, a esas incomódidades se le añaden otras cosas más bonitas: las ganas de conocer ya a la peque, de que nazca bien, de verle la carita, de tenerla en brazos, de que llegue ya a casa, de tenerla con nosotros… Y también algunos miedos de padres primerizos: sabremos hacerlo bien, seremos capaces, irá bien el parto, el tema de la lactancia, del sueño… ¡Nos queda taaaaaaanto por aprender…!

Las esperas siempre son complicadas y difíciles, pero no queda otra. Mientras esperamos a que llegue, aquí la peque sigue dando patadas y moviéndose, cual futbolista en un entrenamiento, dejando constancia de que sigue activa y tiene ganas de conocer ya el mundo exterior.

Las que habéis sido mamis ya, ¿cómo vivistéis estas últimas semanas?

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